Pensamiento sin etiquetas: La importancia del cuestionamiento racional en la psicología.
Por: Pedro Antonio Nava Duarte.
Vivir sin filosofar es, primordialmente,
tener los ojos cerrados, sin tratar de
abrirlos jamás.
Inmanuel Kant
I. Primera impresión
¿Y porque psicología?, esta fue la pregunta más sonada en mi entorno al comentarles que volvía a estudiar después de doce años. En ese momento mi única respuesta fue “porque quiero comprender el comportamiento de las personas y la manera en que hoy en día se volvió una práctica común colocarle una etiqueta a alguien según su manera de pensar, de vestir o incluso de reaccionar ante determinadas situaciones y llegar a razonar como es que existen personas que asumen dichas etiquetas sin cuestionarse realmente si eso es lo que son”.
En lo personal nunca imaginé que los primeros esbozos de lo que podría considerar como el inicio al camino de mis respuestas lo encontraría en una clase de filosofía, ya que por lo general la relacionamos con personas ociosas y no le vemos nada práctico a una materia así, dice Kant:
…Puede, es verdad, replicarse que no hay prurito más perjudicial al aumento de nuestro conocimiento, que el de querer saber su utilidad de antemano, antes de sumirse en las investigaciones y aun de poder forjarse el menor concepto de esa utilidad, aunque la tuviéramos ante los ojos. (Kant, p. 517).
Y es que, conforme fui sumergiéndome en las lecturas y los temas del plan de estudio fui descubriendo que la forma en la cual nos guiamos en estos tiempos nos invita a juzgar todo lo que se nos presenta por como lo vemos (fenómeno) siendo que en la mayoría de las ocasiones lo que vemos no es lo que en realidad es (noúmeno). La falta de cultura aunado a una sociedad llena de personas que no saben cómo expresarse debido al abuso de medios audiovisuales como la televisión y el internet nos obliga a buscar la manera rápida de categorizar todo lo más pronto posible, incluso a nosotros mismos, dejando de lado el razonamiento y el cuestionamiento que implica conocerse para después poder llegar a conocer realmente a los demás, dice Kant:
El uso transcendental de un concepto, en cualquier principio, consiste en referirlo a las cosas en general y en sí mismas. El uso empírico consiste en referirlo sólo a fenómenos, es decir, a objetos de una experiencia posible. Y nunca puede tener lugar otro uso que este último, como se ve fácilmente por lo que sigue: para todo concepto se requiere primero la forma lógica de un concepto (del pensar) en general, y segundo, la posibilidad de darle un objeto, al cual se refiera. Sin esto último, el concepto carece de sentido y está totalmente vacío de contenido, aun cuando pueda tener la función lógica de hacer un concepto. (Kant, p. 519).
II. Buenas preguntas obligan buenas respuestas
Después descubrí que el poder describir quien somos, o como se conoce hoy en día “hacer introspección”, implica algo más allá de una simple lista de aptitudes y defectos, de lo que nos gusta o lo que no. Querer saber qué o cómo somos no resulta algo fácil de lograr si es que no contamos con un punto de referencia, sin el cual, no tendríamos ni la menor idea del tipo de información necesaria para realizar dicha valoración; Dice Dilthey: “Solo en la comparación de mi mismo con otros tengo yo la experiencia de lo individual en mí.” (Dilthey, p. 25).
Entendamos pues, que para poder conocernos a nosotros mismos necesitamos de la interacción con otros, y que al descubrir sus peculiaridades procesamos esa información y la comparamos con nuestras experiencias internas para poder concluir en qué coincidimos y en qué no. Pero no solo se trata de observación a la ligera, hacerlo de manera consciente demanda activar todos nuestros sentidos ya que cualquier tipo de manifestación podría interpretarse como indicio de la singularidad de aquella persona que estamos observando, dice Dilthey:
Entendamos pues, que para poder conocernos a nosotros mismos necesitamos de la interacción con otros, y que al descubrir sus peculiaridades procesamos esa información y la comparamos con nuestras experiencias internas para poder concluir en qué coincidimos y en qué no. Pero no solo se trata de observación a la ligera, hacerlo de manera consciente demanda activar todos nuestros sentidos ya que cualquier tipo de manifestación podría interpretarse como indicio de la singularidad de aquella persona que estamos observando, dice Dilthey:
La existencia ajena, sin embargo, sólo se nos da, al principio, desde el exterior, en hechos sensibles, en ademanes, sonidos y acciones. Sólo a través de un proceso de reproducción de lo que afecta así a los sentidos en signos aislados, llegamos a completar ese interior. (Dilthey, p. 25)
De este modo lo que se manifiesta nos proporciona información sobre el sujeto al que estamos observando, sin embargo, es mediante la comunicación por medio del lenguaje que podemos comprender el conocimiento que estamos adquiriendo, comparándolo con aquel que se ha adquirido antes por nuestros antepasados o por nuestras experiencias internas. Veámoslo así, podemos comparar los hechos y las señales que se nos presenten pero si no tenemos un lenguaje con el cual podamos interpretar y dar significado a dichos datos seremos personas que miramos solo por mirar y no por observar, cuestionar o investigar. Dice Mario Bunge: “Si la filosofía es buena, promoverá el adelanto en la investigación científica; si es mala, retrasara el proceso científico.” (Bunge, p. 123).
Dicho esto afirmo que hoy más que nunca necesitamos recuperar nuestra capacidad de asombro, de volver a sentir esa necesidad de conocer más y de todo lo que se nos presente; Vivimos una época en la cual todo lo queremos fácil y rápido, sustituimos el habla por la simbología dejando de lado la premisa básica que es qué poseemos la capacidad de comunicarnos a través de la lengua hablada que no solo trata de dar un mensaje; Si no de la interpretación del mismo a través del lenguaje, dice Giovanni Sartori:
A esto se podría replicar que los animales también comunican con un lenguaje propio. Sí, pero no del todo. El llamado lenguaje animal transmite señales. Y la diferencia fundamental es que el hombre posee un lenguaje capaz de hablar de sí mismo. El hombre reflexiona sobre lo que dice. Y no sólo el comunicar, sino también el pensar y el conocer que caracterizan al hombre como animal simbólico se construyen en lenguaje y con el lenguaje” (Sartori, p. 24)
Como psicólogos en formación debemos tener en cuenta que nuestra obligación es atender a las personas de la mejor manera y esto se dará desarrollando lo mejor posible nuestra capacidad de aplicación de enfoques en las problemáticas que presenten nuestros pacientes; No basta con emitir un diagnóstico, necesitamos ir mas allá, entender su entorno, la carga cultural con la que cuente y esto solo se podrá lograr mediante cuestionamientos que nos lleven a comprender al sujeto que estemos tratando de ayudar de ahí que la filosofía repunta como base principal de la psicología, dice Alain Badiou:
(…) Sabemos que no queda esperanza de que las ciencias humanas reemplacen a la filosofía. La conciencia de esto me parece ahora bastante extendida, porque, como sabemos, las ciencias humanas se han convertido en el hogar de las ciencias estadísticas. (Badiou, p. 62).
Entendido de otro modo la psicología se ha vuelto una práctica de números y estadísticas que está dejando de lado la singularidad de las personas, etiquetándolas y encasillándolas como si fuesen piezas de colección que solo pasan a tomar lugar en una repisa junto a los demás de su categoría y esto se debe a que en algún punto perdimos la atención sobre lo que en realidad debe importarnos que es la singularidad de las personas, somos únicos e irrepetibles y el peor error que podemos cometer es creer que un mismo método funcionara para todas las personas en general.
Es por esto que me atrevo a decir que en este semestre, aparte de llevarme una muy grata sorpresa al reencontrarme con la filosofía, descubrí el papel tan importante que juega en la licenciatura que durante tanto tiempo quise cursar, nunca pensé que la base de todo cuestionamiento vendría de aquellas personas ociosas que mencione al inicio del ensayo y mejor aún jamás dimensione lo que el ocio y un buen cuestionamiento pueden llegar a lograr.
Bibliografía
- Critica de la razón pura, Inmanuel Kant, Luarna, Madrid, 1928.
- Dos escritos sobre Hermenéutica: El surgimiento de la hermenéutica y los esbozos para una crítica de la razón histórica, Wilhelm Dilthey, Istmo, Madrid, 2000.
- Epistemologia, Mario Bunge, Siglo veintiuno editores, México, 1980.
- Homo Videns, Giovanni Sartori, Taurus, Buenos Aires, 1998.
- La filosofía otra vez, Alain Badiou, Errata naturae editores, Madrid, 2010
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